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Un gran sismo podría costarle a Guatemala más de US$600 millones al año

por Jenniffer Marroquín
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VENEZUELA TERREMOTO

Mientras los países centroamericanos fortalecen sus capacidades de respuesta ante emergencias, el mayor desafío continúa siendo económico. Un terremoto de gran magnitud no solo representa una tragedia humanitaria, sino también un riesgo para las finanzas públicas, la infraestructura crítica y la competitividad de la región.

El Informe de Gestión Financiera de la Reducción del Riesgo de Desastres 2026, elaborado para Centroamérica y República Dominicana por el Centro de Coordinación para la Prevención de los Desastres Naturales en América Central (CEPREDENAC), estima que Guatemala registra una pérdida anual esperada de US$613 millones en infraestructura crítica como consecuencia de desastres naturales, entre ellos eventos sísmicos.

La cifra sitúa al país entre los más expuestos de la región, únicamente por debajo de Honduras, cuya pérdida anual estimada alcanza US$641 millones.

Centroamérica enfrenta una elevada amenaza sísmica

La región centroamericana se encuentra sobre un complejo sistema de fallas geológicas y zonas de subducción que históricamente han generado terremotos de gran intensidad.

Todavía nadie está preparado para un sismo equivalente al ocurrido recientemente en Venezuela“, afirmó Adherbal De La Rosa, secretario ejecutivo de CEPREDENAC, al advertir que, aunque los países han mejorado sus normas de construcción y sus sistemas de respuesta, aún existen importantes brechas en infraestructura resiliente y planificación financiera.

Según el organismo regional, un terremoto de gran magnitud podría retrasar entre 20 y 30 años el desarrollo económico de un país debido a los costos de reconstrucción y la interrupción prolongada de la actividad productiva.

Guatemala figura entre los países con mayor exposición

El informe calcula la pérdida anual esperada para infraestructura crítica en cada país centroamericano:

PaísPérdida anual esperada
HondurasUS$641 millones
GuatemalaUS$613 millones
PanamáUS$469 millones
Costa RicaUS$435 millones
NicaraguaUS$249 millones
El SalvadorUS$240 millones

En conjunto, las pérdidas potenciales para Centroamérica superan los US$2,600 millones anuales, recursos que podrían comprometer inversiones públicas destinadas a salud, educación, infraestructura o programas sociales.

Infraestructura crítica: el activo más vulnerable

Las mayores pérdidas económicas no provienen únicamente del colapso de edificios.

El informe identifica como infraestructura crítica:

  • Carreteras.
  • Puentes.
  • Hospitales.
  • Escuelas.
  • Sistemas de agua potable.
  • Redes eléctricas.
  • Infraestructura logística.

En escenarios sísmicos con un período de retorno de 250 años, Guatemala podría perder el equivalente al 9.2% del valor de su infraestructura expuesta, una de las tasas más altas de la región. Para los especialistas, esta vulnerabilidad representa un desafío no solo para los gobiernos, sino también para las empresas que dependen del funcionamiento continuo de estas redes.

El comercio regional también está en riesgo

Las carreteras centroamericanas constituyen el principal corredor logístico para el comercio intrarregional. Según la Secretaría de Integración Económica Centroamericana (SIECA), durante 2025 circularon mercancías originarias de la región por un valor superior a US$10,146 millones únicamente mediante transporte terrestre, sin considerar la carga internacional que llega a los puertos centroamericanos.

Guatemala participa con aproximadamente 20.9% del movimiento regional de carga terrestre, solo por detrás de El Salvador (29.7%) y Costa Rica (21.9%). Esto significa que cualquier interrupción prolongada en la red vial tendría efectos inmediatos sobre las exportaciones, el abastecimiento de productos y las cadenas de suministro.

Panamá ofrece un ejemplo reciente

La vulnerabilidad logística quedó evidenciada en 2023, cuando los bloqueos sobre la Carretera Interamericana en Panamá generaron pérdidas cercanas a US$200 millones diarios, según el Consejo Logístico Empresarial (COEL).

Aunque el origen fue una protesta social y no un desastre natural, el episodio mostró la alta dependencia que mantiene Centroamérica respecto de su infraestructura de transporte. Un terremoto que afectara simultáneamente carreteras, puentes y puertos tendría consecuencias económicas considerablemente mayores.

Más presión sobre las finanzas públicas

Además del impacto sobre la actividad económica, los gobiernos enfrentarían elevados costos de reconstrucción. CEPREDENAC estima que un desastre de gran magnitud podría comprometer alrededor del 25% de los ingresos anuales de los países centroamericanos para recuperar infraestructura crítica.

Esto reduciría la capacidad de los Estados para financiar programas sociales, inversión pública y nuevos proyectos de desarrollo.

La lección que deja Venezuela

El reciente terremoto registrado en Venezuela volvió a poner sobre la mesa el costo económico de los grandes desastres.

El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) estima que los daños podrían superar los US$10,000 millones, mientras que el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) calcula afectaciones en viviendas y activos económicos de entre US$4,700 millones y US$8,700 millones.

Más allá de las cifras, estos eventos evidencian que la resiliencia económica depende tanto de la infraestructura física como de la capacidad financiera para responder y reconstruir.

Invertir en prevención cuesta menos que reconstruir

Para organismos multilaterales, cada dólar destinado a prevención y reducción del riesgo puede evitar múltiples dólares en pérdidas futuras.

En el caso de Guatemala, fortalecer normas de construcción, modernizar carreteras y puentes, proteger infraestructura estratégica y mejorar los mecanismos de financiamiento para desastres no solo representa una política de gestión del riesgo, sino también una estrategia de desarrollo económico.

Con una pérdida anual esperada de US$613 millones, el costo de no invertir en resiliencia podría resultar considerablemente mayor que el de prepararse para el próximo gran evento sísmico.

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