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La mora en tarjetas de crédito supera el 43%: ¿es una señal de alerta para el sistema financiero?

por Jenniffer Marroquín
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Mora tarjetas de crédito

El crédito al sector privado continúa creciendo, los indicadores de solvencia bancaria permanecen sólidos y la liquidez del sistema financiero se mantiene en niveles adecuados. Sin embargo, un dato comienza a llamar la atención de analistas y entidades supervisoras: la mora en las tarjetas de crédito supera el 43%, una cifra que, aunque corresponde a un segmento específico de la cartera en incumplimiento, refleja las crecientes dificultades de muchos hogares para cumplir con sus obligaciones financieras.

Por sí sola, la cifra no significa que el sistema bancario enfrente una crisis. Las tarjetas de crédito son históricamente el producto con mayor nivel de riesgo dentro del negocio bancario y las entidades financieras mantienen provisiones para absorber parte de esas pérdidas. No obstante, cuando la morosidad aumenta de forma sostenida, suele ser una señal de que las familias enfrentan mayores presiones sobre su ingreso disponible y que el consumo financiado comienza a mostrar límites.

La pregunta es si este comportamiento responde a un fenómeno aislado o si anticipa un cambio en el ciclo del crédito en Guatemala.

Un mercado que sigue creciendo, pero con mayor riesgo

De acuerdo con información de la Superintendencia de Bancos (SIB), el crédito bancario mantiene una expansión impulsada por préstamos destinados al consumo, vivienda, comercio y actividades empresariales. Dentro de ese conjunto, las tarjetas de crédito continúan siendo uno de los instrumentos financieros de mayor crecimiento debido a la ampliación de la bancarización, el comercio electrónico y los programas de fidelización.

Sin embargo, también constituyen el segmento con mayor exposición al incumplimiento.

A diferencia de un crédito hipotecario o un préstamo empresarial, la tarjeta suele utilizarse para financiar gastos corrientes, consumo inmediato o necesidades de liquidez de corto plazo. Cuando el ingreso familiar pierde capacidad de compra o aumentan los gastos esenciales, el pago de la tarjeta suele convertirse en una de las primeras obligaciones que presentan atrasos.

Analistas financieros consultados por distintos centros de investigación coinciden en que el aumento de la morosidad responde a una combinación de factores y no a un solo evento económico.

Hogares con mayor presión sobre sus ingresos

Aunque la inflación general se ha mantenido dentro del rango meta del Banco de Guatemala (Banguat), el costo acumulado de alimentos, transporte, vivienda y servicios básicos continúa afectando el presupuesto de los hogares.

En términos reales, muchas familias todavía no han recuperado completamente el poder adquisitivo perdido durante los años de mayor inflación. A ello se suma un mayor uso del crédito para financiar consumo cotidiano, especialmente entre trabajadores independientes y hogares con ingresos variables.

El resultado es un incremento gradual del saldo financiado y, posteriormente, mayores dificultades para cubrir el pago mínimo o cancelar el total de la deuda al cierre de cada período.

Este comportamiento también coincide con un entorno de tasas de interés que permanecen relativamente elevadas frente a los niveles observados antes del ciclo inflacionario global, lo que incrementa el costo financiero de mantener saldos pendientes.

La respuesta de los bancos

Aunque ninguna entidad financiera ha anunciado restricciones generalizadas al crédito, el aumento de la morosidad suele traducirse en una revisión más estricta de las políticas de originación.

En la práctica, esto implica procesos de evaluación más rigurosos para nuevos clientes, ajustes en los límites de crédito, mayor seguimiento a los perfiles de riesgo y fortalecimiento de las provisiones contables para cubrir posibles pérdidas.

Las instituciones bancarias también han incrementado las campañas de educación financiera y los programas de reestructuración dirigidos a clientes que enfrentan dificultades temporales de pago, con el objetivo de evitar que una mora inicial termine convirtiéndose en cartera incobrable.

Estas medidas buscan proteger tanto la estabilidad de las entidades como la capacidad de pago de los usuarios.

¿Puede afectar el consumo?

El consumo privado representa uno de los principales motores del crecimiento económico de Guatemala. Cuando las familias reducen el uso del crédito o enfrentan mayores restricciones para acceder a financiamiento, el efecto suele reflejarse en sectores como comercio, restaurantes, turismo, electrodomésticos, tecnología y bienes duraderos.

Por ahora no existen señales de una desaceleración abrupta del consumo interno atribuible exclusivamente al comportamiento de las tarjetas de crédito. Sin embargo, un deterioro sostenido de la cartera podría hacer que los bancos adopten criterios más conservadores para otorgar financiamiento, limitando la capacidad de compra de determinados segmentos de la población.

En economías donde el crédito al consumo tiene un peso creciente, este tipo de ajustes suele influir en la demanda agregada y, por extensión, en la actividad comercial.

¿Existe un riesgo para el sistema financiero?

La respuesta, por ahora, es moderada. Los indicadores publicados por la Superintendencia de Bancos muestran que el sistema financiero guatemalteco mantiene niveles adecuados de capitalización, liquidez y solvencia, por encima de los mínimos regulatorios. Además, la cartera de tarjetas de crédito representa solo una parte del total del crédito otorgado por la banca.

Eso significa que un aumento de la morosidad en este segmento no compromete automáticamente la estabilidad del sistema.

No obstante, el indicador sí funciona como una señal temprana sobre la situación financiera de los hogares. Si el deterioro se extiende a otros tipos de crédito —como consumo personal, vivienda o financiamiento empresarial— el panorama podría cambiar y exigir respuestas adicionales por parte de las entidades financieras y del regulador.

Un indicador que merece seguimiento

Más que anticipar una crisis bancaria, el aumento de la mora en tarjetas de crédito refleja un entorno en el que muchas familias enfrentan un equilibrio cada vez más estrecho entre ingresos, gasto y endeudamiento.

Para la banca, el desafío será mantener el crecimiento del crédito sin deteriorar la calidad de la cartera. Para los hogares, el reto consiste en evitar que el financiamiento de corto plazo se convierta en una carga permanente.

La evolución de este indicador durante los próximos meses permitirá determinar si se trata de un ajuste transitorio después de varios años de expansión del consumo o del inicio de una tendencia que podría moderar el dinamismo del mercado interno.

Por ahora, el sistema financiero mantiene fundamentos sólidos. Pero la mora en tarjetas de crédito recuerda que, detrás de las cifras positivas de crecimiento, existe una presión creciente sobre la capacidad de pago de una parte importante de los consumidores.

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