El entorno VUQATAR del próximo Mundial

Ahí donde parece mera vanidad llevar a cabo el próximo Mundial, tendrá que elevarse un faro en medio de una de las épocas más grises.

Mundial de Qatar
Son muchos los desafíos políticos, sociales y económicos de la siguiente Copa del Mundo. Imagen: tomado de Diseñado por Freepik (www.freepik.es).

POR ALAIN PRIETO SOLDEVILLA
IberoNews.- Qatar ―o Catar― quedará en la memoria de las Copas Mundiales sin duda alguna, pero hasta hoy no sabemos en qué tipo de memoria estará radicada su relevancia… o si de facto se llevará a cabo el Mundial 2022.

Aunque ahora mismo y con el sorteo de grupos ya realizado parezca intocable, y su separación del campo de batalla Rusia-Ucrania es de 4,500 kilómetros, la globalización tiende a disipar la distancia.

Con todo y esto, podríamos aventurar una serie de suposiciones y premoniciones ante un entorno más complejo qué pasó de VUCA (Volatility, Uncertatinty, ComplexityAmbiguity) a BANI y quizá ahora a VUQATAR, donde además de las incertidumbres, el futbol tendrá que ondear la bandera de la razón.

Su primer paso está dado: la selección rusa fue expulsada de la repesca el 28 de febrero, sancionado como país beligerante agresor. Mientras, Ucrania ve en su compromiso contra Escocia un atisbo para llegar a la cita.

Debates polémicos

Hace poco más de medio siglo, una computadora Elliott 803, una suerte de Pulpo Paul cibernético, fue programada para predecir lo que acontecería en México 70.

Sus datos estaban lejos de aplicar variables como inflación, guerra, éxodos, Covid e incluso crisis energéticas; en cambio, el clima y otros “datos relevantes” de los entonces 16 equipos participantes eran la raíz de su cálculo.

El experimento había dado por finalistas a las selecciones de la Rosa y a la Verdeamarela. En honor a la verdad, hay que decir que atinó al número de goles en la final (cinco) y a uno de los países.

Lejos de las adivinanzas, ya por allá de 2014 (año donde ya se vaticinaba un desastre deportivo), Nick Miller de Bleacher Report, se sumaba a las voces que se oponían a Qatar 2022: ¿Un Mundial en noviembre, bajo un calor de 40°?; la homosexualidad es ilegal en aquel país, ¿y los derechos humanos? ¿Un incómodo e inflexible código de vestimenta para las mujeres visitantes?

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Para 2017, se habló de un boicot por hallársele al organizador vinculado al terrorismo. Además, en 2021 The Guardian revelaba que unos 6,500 trabajadores habían perecido construyendo la infraestructura mundialista; hace poco, no habían podido justificarse el 70% de los decesos (la página oficial de Qatar 2022 blande el programa Workers’ Welfare, mientras se sabe que unos 400 nepalíes han sucumbido allá).

Tales cifras se vinculan a sólo ocho estadios donde se han programado los 65 encuentros de la XXII Copa del Mundo. Para rematar, de los paupérrimos sueldos para los constructores poco calificados (aquellos de Bangladesh ganan 275 dólares al mes), se descuentan cuotas de reclutamiento.

El poder de Qatar

El pequeño emirato, de menos de 3 millones de habitantes, posee una fuerza laboral compuesta por extranjeros en un 95% (Labor Force Sample Survey 2019) al igual que la población misma, que ronda apenas 330,000 cataríes censados.

Si hay algo que reconocer es su notable tozudez que constantemente desdeña las normas y la reputación.

Hace algunos días se manifestó la Federación Noruega de Futbol ―que no estará representada en la Copa― a través de su presidenta, quien aduce que los derechos humanos, la igualdad y la democracia deben ser los pilares del futbol.

Irónicamente, Qatar se convertirá en una suerte de Naciones Unidas alternas durante casi un mes y será la prueba de resiliencia que dará o no la razón a un anciano Joseph Blatter, quien contra viento y marea estableciera la sede hace 12 años, periodo donde la corrupción asociada a la FIFA ha sido plática cotidiana.

La bandera guinda y blanca de 10 picos deberá oponerse a la locura de esta época fallida, donde la luz de los llamados “corredores humanitarios” promete atajar la desesperación de las familias en medio de la locura que profana la paz.

Desafíos en zona de penal

Aún estamos por descubrir qué mundo presenciará la Copa a escasos días de la Navidad, aunque no es la primera vez que se realiza cercana a una guerra o incluso mientras se desarrolla una.

Los Mundiales 66, 70 y 74 se llevaron a cabo mientras se peleaba en Vietnam. Pero no todo es negro. A raíz de la especulación del gas que proveía Rusia (30% a 40% del total) a buena parte de Europa central, y dadas las incongruencias en la forma de pago, los usuarios deben mirar hacia otros sitios.

Aquí se apunta precisamente Qatar, país con grandes campos del preciado hidrocarburo y que aloja la mayor base aérea de Estados Unidos en Medio Oriente (fue sede de las negociaciones para el retiro de tropas de Afganistán), prometiendo alimentar parte de la demanda europea ―a mejor precio― y de paso generando un frente comercial sólido insospechado antes del conflicto armado.

Derrama económica a la vista

Un pronóstico se levanta sin tanta arte adivinatoria: es positivo el panorama de recuperación y crecimiento del anfitrión para 2022. Se ha anunciado que el torneo supone 7,000 millones de dólares de ganancias para la FIFA.

Incluso sin el Mundial, los principales indicadores señalan que la economía del sector privado no energético despuntará en el índice de Gestores de Compra (PMI) entre las manufactureras, que irá a más de 60.0 (arriba de 50.0 se considera crecimiento) y el sector construcción se mantiene fuerte desde hace cinco años.

En contrapunto, la larga cadena de controversias y polémicas ha llevado a Amnistía Internacional a denominar a Qatar 2022 como “El Mundial de la vergüenza”. Señor Blatter, señor Infantino: ustedes, ¿qué opinan?

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