Por Serio Morales
Gerente general de Mipymes & Vicepresidente de Cobranza de vana
La inclusión financiera no consiste únicamente en que más personas tengan acceso a una cuenta, un crédito o una aplicación para manejar su dinero. También implica que se sientan seguras al utilizar estos servicios. En un entorno cada vez más digital, la ciberseguridad es parte fundamental de esa confianza.
Para quien tiene un pequeño negocio, abrir una cuenta desde su celular puede ser el primer paso para acceder a otros servicios financieros. Pero antes de hacerlo, se pregunta ¿cómo sé que estoy usando la aplicación correcta?, ¿qué pasa si alguien intenta entrar a mi cuenta? Para una persona que utiliza por primera vez un servicio financiero digital, saber cómo proteger sus datos, reconocer un intento de fraude e identificar los canales oficiales puede marcar la diferencia entre animarse a utilizarlo o descartarlo.
La diferencia no está únicamente en tener una aplicación disponible, sino en contar con las condiciones adecuadas para usarla con confianza. Sin ellas, una opción que podría facilitar el manejo del dinero puede terminar siendo una opción que la persona prefiere no utilizar.
Lo que muestran los datos
La necesidad de financiamiento en Guatemala existe. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera de los Hogares 2025, el 36% de las personas reporta tener algún tipo de crédito, formal o informal, mientras que el 15.5% cuenta con crédito en una institución financiera. La búsqueda de financiamiento está presente, aunque no siempre ocurre dentro del sistema formal.
La confianza no es el único factor. También influyen los ingresos, los requisitos, la ubicación y la disponibilidad de productos adecuados. Pero cuando una persona ya tiene la posibilidad de acceder a un servicio financiero, aparece una pregunta que puede definir su decisión. ¿Me siento segura utilizándolo?
El fraude digital es parte de esa respuesta. Una encuesta de TransUnion a 415 consumidores guatemaltecos encontró que el 12% afirmó haber sido víctima de algún tipo de fraude por correo electrónico, internet, llamadas o mensajes de texto entre noviembre de 2024 y febrero de 2025. Otro 24% señaló haber identificado un intento de fraude, aunque no llegó a ser víctima.
Los datos también muestran avances. Durante el primer semestre de 2025, el 1.3% de las transacciones digitales realizadas desde Guatemala fueron identificadas como sospechosas de fraude, una proporción 52% menor que la de un año antes y por debajo del 2.8% observado en los países latinoamericanos incluidos en el análisis.
Más que una cifra
Una cifra puede bajar y el temor permanecer. Quien ya fue víctima de una estafa puede dudar antes de volver a usar una aplicación. Y quien nunca ha usado un servicio financiero formal puede decidir que una llamada sospechosa o un enlace que no entiende son razón suficiente para no intentarlo.
Por eso la ciberseguridad se considera más que un asunto tecnológico. Además de proteger las plataformas y las transacciones, importa que las personas sepan cómo usarlas con seguridad, es decir, qué información nunca deben compartir, cómo reconocer un mensaje sospechoso, cuáles son los canales oficiales de atención y qué pasos seguir ante un fraude. La transparencia también juega un papel, porque cuando las personas saben con quién contratan, qué información se les solicitará y cómo comunicarse con la empresa, disminuye la incertidumbre.
Una tarea compartida
Construir un entorno financiero más seguro involucra a bancos, fintech, empresas de tecnología, autoridades, medios de comunicación y consumidores. Octubre, mes de concientización sobre ciberseguridad, es una oportunidad para ampliar esta conversación y para que más personas puedan usar las herramientas financieras con confianza.
La inclusión financiera empieza con el acceso, pero no termina ahí. Para que una persona dé el primer paso y permanezca en el sistema, también necesita sentirse protegida.