Sequía y calor en 106 municipios ponen en riesgo cultivos y precios de alimentos

Sequia y cultivos

El calor persistente y la falta de lluvia ya no son solamente un problema para las actividades agrícolas. El Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA) identifica 106 municipios de 18 departamentos en condiciones de vulnerabilidad por las altas temperaturas y el déficit de precipitaciones, una situación que puede afectar el desarrollo de los cultivos y que obliga a vigilar su posible impacto sobre el abastecimiento y los precios de los alimentos.

El reporte agroclimático divulgado por el MAGA señala que las temperaturas podrían superar los 35 grados Celsius en departamentos como Petén, Escuintla, Santa Rosa, Jutiapa, Retalhuleu, Alta Verapaz, Izabal, Quiché y Zacapa. El análisis fue elaborado con información del Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (INSIVUMEH).

La alerta alcanza a una variedad de productos agrícolas. Entre los cultivos ubicados en las zonas bajo presión aparecen maíz, frijol, café, caña de azúcar, banano, melón, plátano, arroz, papaya, cardamomo y hortalizas, entre otros. El efecto concreto dependerá de la intensidad del déficit de humedad, la etapa en la que se encuentre cada cultivo y la disponibilidad de agua para riego.

Por ahora, no existe base para afirmar que esta situación provocará un aumento generalizado de los precios. La señal que sí existe es otra: si el calor y la falta de lluvia reducen los rendimientos o las cosechas, habrá que observar qué productos registran menor oferta y si esa reducción termina trasladándose a los mercados.

El maíz es el primer producto que requiere vigilancia

El maíz merece especial atención porque es uno de los cultivos identificados por el MAGA entre los expuestos al estrés hídrico y, al mismo tiempo, forma parte de los alimentos básicos de los hogares guatemaltecos.

La preocupación no parte únicamente del reporte publicado esta semana. En junio, la ministra de Agricultura, María Fernanda Rivera, explicó que el MAGA mantenía vigilancia diaria sobre los municipios considerados vulnerables y que el ministerio trabajaba con un comité de emergencia para responder ante escenarios de escasez o exceso de lluvia.

“Estamos trabajando todos los días en monitorear los municipios que pueden estar siendo afectados”, dijo Rivera en declaraciones recogidas por Infobae.

La funcionaria señaló entonces que el seguimiento buscaba detectar daños con rapidez y permitir una respuesta oportuna. Entre los cultivos priorizados por el MAGA para las acciones frente al riesgo de sequía estaban precisamente maíz, frijol, café y caña de azúcar, además de banano, melón, plátano, tabaco, cítricos y pastos.

El director de la Dirección de Información Geográfica, Estratégica y Gestión de Riesgos del MAGA, Rafael López, explicó en esa misma oportunidad que la cartera llevaba más de dos meses trabajando en la traducción del análisis climático en recomendaciones para los agricultores y en el fortalecimiento de las capacidades de respuesta en el territorio.

¿Ya se está reflejando en el precio?

Aquí la información disponible obliga a separar dos fenómenos. Por un lado está el riesgo productivo: menos lluvia, menor humedad del suelo y temperaturas elevadas pueden afectar el rendimiento de las plantas.

Por otro está el precio: para que un problema climático llegue al consumidor debe producirse una cadena de efectos que incluye disponibilidad del producto, costos de producción, transporte, inventarios, importaciones y comportamiento de la demanda.

En el caso del maíz existen señales que justifican mantener la vigilancia. Un reporte publicado el 26 de agosto por Diario Chapín señaló que comerciantes habían observado precios de hasta Q225 por quintal de maíz y relacionó el movimiento con pérdidas de cultivos y la irregularidad de las lluvias. Sin embargo, este dato corresponde a declaraciones de comerciantes y no sustituye la serie oficial de precios del MAGA.

El propio sistema de monitoreo de seguridad alimentaria del Gobierno ya había advertido meses atrás que los precios de los granos básicos debían mantenerse bajo vigilancia. Un boletín de la Secretaría de Seguridad Alimentaria y Nutricional (SESAN) señaló en marzo que el precio promedio mayorista del maíz blanco y del frijol negro debía ser monitoreado, mientras las proyecciones climáticas apuntaban a un posible déficit significativo de precipitaciones durante julio y agosto.

Esto no significa que el aumento de precios sea consecuencia directa del reporte agroclimático más reciente. Son señales que deben cruzarse antes de establecer una relación causal.

La sequía no afecta a todos los cultivos de la misma manera

Mientras algunas zonas enfrentan períodos con poca o ninguna lluvia, otras regiones podrían registrar precipitaciones fuertes acompañadas de actividad eléctrica. Estas condiciones también pueden generar erosión, corrientes de agua y pérdida de suelo, particularmente en las regiones Norte, Caribe y Bocacosta.

La etapa en la que se encuentre cada cultivo también importa. El MAGA recomienda priorizar los cultivos que atraviesen fases sensibles y optimizar el uso del riego. La cartera también plantea conservar la humedad del suelo mediante coberturas vegetales y residuos de cosecha.

Por ello, el número de municipios bajo vigilancia no equivale automáticamente al número de municipios que tendrán pérdidas agrícolas. Estar expuesto al calor no significa haber perdido la cosecha. Esa distinción será fundamental para medir el impacto económico durante las próximas semanas.

Productores enfrentan el costo antes que el consumidor

Para los agricultores, el primer impacto puede aparecer antes en sus costos que en los precios finales. Cuando disminuye la disponibilidad de agua, los productores que cuentan con sistemas de riego pueden aumentar el uso de ese recurso, mientras que quienes dependen exclusivamente de la lluvia tienen menos margen para compensar un período seco.

El MAGA ha recomendado precisamente mejorar el manejo del agua, conservar humedad y adaptar las prácticas agrícolas a las condiciones de cada territorio.

La ministra Rivera también señaló que entre las medidas de adaptación impulsadas por la cartera están la captación y almacenamiento de agua de lluvia, el uso eficiente del recurso, la diversificación productiva y prácticas de conservación de humedad.

Si las condiciones se prolongan, el problema económico podría aparecer en dos frentes: menor producción y mayores costos para obtenerla. El efecto sobre el consumidor dependerá de cuánto de ese costo pueda absorber la cadena de comercialización y de cómo evolucione la oferta.

El INE será la referencia para saber si el impacto llegó al consumidor

El Instituto Nacional de Estadística (INE) publica tanto el Índice de Precios al Consumidor como la información de la Canasta Básica Alimentaria. Su base de datos permite revisar el comportamiento de los productos incluidos en la canasta y comparar sus precios en el tiempo.

Esto permitirá responder una pregunta que todavía no tiene respuesta: ¿los productos procedentes de las zonas afectadas ya están mostrando un comportamiento diferente en los precios?

Para el seguimiento también resulta relevante el Sistema de Información de Mercados del MAGA, que registra precios mayoristas en mercados como La Terminal. Esos datos permiten observar primero los movimientos en origen y mayoreo, antes de que necesariamente lleguen al consumidor final.

El riesgo está en la oferta de las próximas semanas

El MAGA ya había advertido en agosto sobre condiciones de altas temperaturas y baja humedad que podían afectar cultivos en más de un centenar de municipios. En ese momento, el monitoreo también señalaba productos como maíz, frijol, café, caña de azúcar, arroz, banano, melón y otras plantaciones.

Ahora, con 106 municipios en 18 departamentos nuevamente identificados como vulnerables, la siguiente información que debe aparecer es más concreta: cuántas hectáreas están afectadas, cuántos productores están expuestos, qué cultivos están en etapas críticas y si ya existen pérdidas cuantificables.

Mientras esas cifras no estén disponibles, hablar de una nueva alza de los alimentos sería adelantarse a los datos.

Lo que sí puede afirmarse es que el clima ya puso bajo presión una parte importante de la producción agrícola y que el precio de los alimentos es uno de los indicadores que habrá que vigilar durante las próximas semanas.

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