Guatemala enfrenta el reto de incorporar la nutrición desde el inicio de una emergencia

La inseguridad alimentaria afecta a casi uno de cada cuatro hogares y la experiencia de brigadas apoyadas por UNICEF muestra que la detección temprana puede evitar que los casos de malnutrición pasen inadvertidos.

Una emergencia puede afectar mucho más que la disponibilidad inmediata de alimentos. La interrupción del acceso al agua segura, los servicios de salud y las condiciones para preparar y conservar comida puede elevar el riesgo nutricional de las familias, especialmente entre niños, mujeres embarazadas y madres lactantes.

En Guatemala, este desafío adquiere mayor relevancia por la combinación de inseguridad alimentaria y exposición a fenómenos como sequías, inundaciones, tormentas, deslizamientos y sismos.

La Evaluación Nacional de Seguridad Alimentaria (ESA) 2025, elaborada por el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y la Secretaría de Seguridad Alimentaria y Nutricional (SESAN), señala que casi uno de cada cuatro hogares del país tuvo dificultades para asegurar un consumo adecuado de alimentos durante 2025. El PMA también identifica mayores niveles de vulnerabilidad entre hogares rurales e indígenas.

Este escenario plantea un desafío para la respuesta humanitaria: además de garantizar alimentos, agua y refugio, es necesario identificar desde las primeras etapas quiénes presentan un mayor riesgo nutricional.

La detección temprana puede cambiar la respuesta

La experiencia reciente en comunidades afectadas por sequía ofrece un ejemplo de este enfoque. Según UNICEF, brigadas integrales de salud y nutrición apoyadas por el organismo y coordinadas con el Ministerio de Salud atendieron 18 comunidades. En total, evaluaron a 6,000 niños y 4,000 adolescentes, mujeres embarazadas y mujeres en período de lactancia.

Las jornadas permitieron identificar 46 casos de desnutrición aguda. UNICEF señala que el 60% de esos casos no habría sido detectado sin el despliegue de las brigadas.

El modelo forma parte de acciones anticipatorias financiadas por el Fondo Central para la Acción en Casos de Emergencia de Naciones Unidas (CERF), cuyo objetivo es intervenir antes de que una crisis se agrave.

El resultado muestra la diferencia entre esperar a que aparezcan casos visibles y realizar evaluaciones directamente en las comunidades en riesgo.

La respuesta no termina con la entrega de alimentos

Pamela Arias, nutricionista de NIPRO Guatemala, plantea que la alimentación durante una emergencia debe evaluarse desde una perspectiva más amplia.

“En una emergencia, la alimentación no puede abordarse únicamente desde la cantidad de comida disponible. También es necesario evaluar el estado nutricional de las personas, sus necesidades particulares y las condiciones en las que los alimentos pueden ser preparados, almacenados y consumidos de manera segura”, explicó.

Esto implica considerar factores como la edad, el estado nutricional previo, el acceso a agua segura, las condiciones de almacenamiento y preparación de alimentos y la disponibilidad de servicios de salud.

La atención nutricional también debe mantenerse durante la recuperación, mediante seguimiento, orientación sobre alimentación e hidratación y acceso a micronutrientes cuando corresponda.

Guatemala mantiene una alta carga de desnutrición infantil

La necesidad de fortalecer esta respuesta se relaciona también con un problema estructural que persiste en el país.

Los resultados de la ENDESA 2025 establecen que el 42% de los niños menores de cinco años presenta desnutrición crónica. La cifra representa una reducción frente al 46.5% registrado por la última Encuesta Nacional de Salud Materno Infantil, correspondiente a 2014-2015, aunque especialistas han advertido que la disminución sigue siendo insuficiente frente a la magnitud del problema.

En ese contexto, una emergencia puede profundizar vulnerabilidades que ya existen antes del desastre.

Por ello, la evaluación nutricional temprana permite identificar a las personas que requieren atención prioritaria y establecer mecanismos de seguimiento antes de que su condición se deteriore.

Agua segura y nutrición forman parte de la respuesta

La relación entre nutrición y acceso a servicios básicos también está presente en las acciones de preparación ante desastres.

En enero de 2026, UNICEF entregó a CONRED insumos humanitarios valorados en Q1.72 millones, incluidos equipos para potabilización de agua, carpas y kits de higiene familiar. El objetivo fue fortalecer la capacidad de respuesta durante las primeras fases de una emergencia y garantizar condiciones básicas para las familias afectadas.

CONRED también ha señalado la importancia de mantener recursos disponibles antes de que ocurra una emergencia. Entre los insumos que mantiene preparados figuran raciones familiares, kits de higiene, cocina y limpieza, además de capacidades para producir agua segura para consumo humano.

La preparación anticipada, por tanto, no se limita a almacenar alimentos: también requiere contar con mecanismos para identificar necesidades y responder de acuerdo con las condiciones particulares de la población afectada.

Del modelo reactivo a la acción anticipatoria

La experiencia de las brigadas de nutrición refleja un cambio hacia modelos que buscan actuar antes de que una crisis produzca consecuencias mayores.

Para Guatemala, donde la inseguridad alimentaria continúa afectando a una parte importante de los hogares y los eventos climáticos pueden interrumpir rápidamente el acceso a alimentos y servicios esenciales, incorporar la nutrición desde las primeras horas de una emergencia puede convertirse en una herramienta para reducir riesgos.

La discusión adquiere especial relevancia en el marco del Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, que se conmemora cada 19 de agosto. El desafío consiste en que la respuesta humanitaria no se limite a atender las necesidades inmediatas, sino que permita identificar riesgos, proteger el estado nutricional y acompañar la recuperación de las comunidades afectadas.

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