Crédito al consumo crece Q9,567 millones mientras baja el saldo empresarial

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Entre enero y septiembre, los préstamos de consumo aumentaron 7.12% y los empresariales disminuyeron 0.67%. Sin embargo, la inversión fija creció 12.8% interanual en el segundo trimestre, por lo que los saldos crediticios no bastan para concluir que las empresas estén invirtiendo menos.

El crédito destinado al consumo de los hogares ganó participación en la cartera bancaria de Guatemala durante los primeros nueve meses de 2026, mientras el saldo de los préstamos empresariales registró una reducción. Los datos de la Superintendencia de Bancos (SIB) muestran dos movimientos distintos, pero no permiten establecer por sí solos si las familias recurren más al endeudamiento para cubrir sus gastos o si las empresas están reduciendo sus inversiones.

Entre enero y septiembre, el saldo de los créditos de consumo aumentó Q9,567.9 millones, al pasar de Q134,317.7 millones a Q143,885.6 millones, un crecimiento de 7.12%. Su participación en la cartera total subió de 49.28% a 50.12%, por lo que esta categoría representó más de la mitad del saldo crediticio al cierre de septiembre.

En contraste, el saldo de los préstamos empresariales bajó Q654.6 millones, de Q98,096.1 millones a Q97,441.6 millones, una disminución de 0.67%. La reducción del saldo no significa necesariamente que se hayan otorgado menos préstamos: el resultado también puede reflejar amortizaciones, cancelaciones, nuevos desembolsos y cambios en la composición de la cartera.

La inversión fija creció pese a la reducción del saldo empresarial

El comportamiento del crédito empresarial debe contrastarse con los datos de inversión de la economía. El Banco de Guatemala reportó que la formación bruta de capital fijo alcanzó Q30,600 millones en el segundo trimestre de 2026, un aumento de 12.8% frente al mismo período del año anterior. Este indicador comprende inversión pública y privada en activos fijos y no se limita a las empresas que se financian mediante préstamos bancarios.

También se observó un crecimiento en los créditos productivos, cuyo saldo aumentó Q4,536.2 millones entre enero y septiembre, hasta Q27,599.9 millones, equivalente a un alza de 19.67%.

Esta diferencia es relevante porque el crédito empresarial y el crédito productivo no son categorías equivalentes. Por eso, la disminución del primero no demuestra por sí misma que haya caído el financiamiento de actividades productivas ni que las compañías estén aplazando proyectos de inversión.

Para determinar qué está detrás del movimiento, sería necesario conocer los desembolsos nuevos, las amortizaciones, los plazos y destinos de los préstamos empresariales, además de contrastar esas cifras con la inversión privada y la evolución de sectores como manufactura, comercio y construcción.

Más crédito de consumo, pero ¿para qué se utiliza?

El aumento del saldo de consumo tampoco permite concluir que los hogares estén endeudándose principalmente para comprar bienes discrecionales. La categoría puede incluir distintas necesidades de financiamiento, y para establecer sus destinos se requiere información desagregada sobre los productos crediticios y el uso de los recursos.

El contexto económico ofrece elementos adicionales. La inflación interanual alcanzó 4.69% en septiembre, frente a 3.37% en agosto, de acuerdo con las cifras del INE citadas por La Hora. El incremento de los precios puede afectar la capacidad de compra de los hogares, pero no demuestra que esa sea la causa del aumento del crédito.

Las tarjetas de crédito constituyen otro segmento que requiere seguimiento. Según los datos publicados por La Hora, su saldo pasó de aproximadamente Q28,995 millones en enero a Q32,645 millones en septiembre, un crecimiento de 12.59%. La tasa de interés reportada aumentó de 42.64% a 44.58% en ese período. Estas cifras corresponden específicamente a tarjetas y no deben confundirse con la tasa promedio de todos los préstamos bancarios.

La morosidad bajó, aunque persisten diferencias entre segmentos

Los indicadores de mora no mostraron un deterioro generalizado durante el período. La morosidad de la cartera total descendió de 2.76% en enero a 2.68% en septiembre. En los créditos de consumo bajó de 3.92% a 3.70%, mientras que en los empresariales pasó de 1.37% a 1.33%, según los datos de la SIB.

La diferencia entre segmentos indica que el crédito de consumo mantiene una proporción de mora superior a la empresarial, aunque ambos indicadores disminuyeron durante los primeros nueve meses del año. En tarjetas de crédito, la mora bajó de 5.06% a 4.61%, pero continuó por encima del indicador general.

Estos datos no permiten descartar riesgos futuros ni atribuir dificultades de pago a la inflación. Sí muestran que el crecimiento del crédito de consumo no estuvo acompañado, hasta septiembre, de un aumento de la morosidad reportada en ese segmento.

Qué falta para explicar el cambio en el crédito

El saldo empresarial puede disminuir porque las compañías amortizan préstamos, recurren a fuentes de financiamiento distintas de los bancos o reducen su demanda de crédito. Para distinguir entre esas posibilidades, la SIB y las entidades financieras tendrían que aportar datos sobre desembolsos nuevos, cancelaciones, plazos, destinos y condiciones de los préstamos.

En el caso de los hogares, un desglose por tarjetas, préstamos personales, vehículos y otros productos permitiría establecer qué modalidades explican el aumento del saldo de consumo. También sería necesario contrastar las tasas de interés específicas de cada tipo de crédito, en lugar de utilizar únicamente el promedio del sistema.

Por ahora, las cifras muestran que el crédito de consumo creció con más fuerza que el saldo empresarial, pero la expansión de la inversión fija y de los créditos productivos impide equiparar automáticamente la reducción del saldo empresarial con una caída de la inversión. El próximo paso es determinar qué explica los movimientos de cada segmento y cómo se relacionan con la actividad económica.

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